- Un litro de agua, una pizca de sal y un diente de ajo picado.
- 5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
- Una pizca de pimienta negra molida.
- Un pedazo de pan blanco seco de hogaza.
- 250 gr de raviolis frescos rellenos al gusto.
- 2 huevos y 2 cucharadas de queso curado rallado

En una tabla y con ayuda de un cuchillo muy afilado, se corta en rebanadas muy finas el pedazo de pan seco. Se pone el agua
a hervir en una cazuela amplia con sal, el diente de ajo, el aceite y la pimienta molida.

En el momento que rompe el hervor, se añade el pan blanco poco a poco para que vaya integrándose en la sopa y ésta se vaya
espesando. Mejor hacerlo así para pillarles el punto de espesor y que no queden demasiado gruesas. Las sopas deben quedar
claras y han de estar al menos 20 minutos hirviendo a fuego suave para que no revienten los pedazos de pan empapados.

Pasado ese tiempo, se añaden los raviolis frescos (deben quedar bien cubiertos por el caldo) para que cuezan a fuego lento
al menos diez minutos más. Si alguno asoma a la superficie, se le da un empujoncito con una cuchara de madera para que se
sumerja y así quede bien cocido. Si se observa que la sopa espesa demasiado, se agrega más agua hasta que quede un poco caldosa.
Hay que tener en cuenta que los raviolis, al contener harina, espesarán el conjunto.

Aparte, se baten los huevos con el queso rallado o partido en lascas finas y, tras esa media hora de cocción total, se añaden
a la sopa, dando unas vueltas. Se rectifica la sal, se aparta la sopa del fuego y se dejan reposar, bien cubiertas, unos dos
minutos. Quedan espesas y cremosas, muy resultonas.
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